jueves, 4 de febrero de 2021

El archivo pandémico de Matanzas

 




 

En los barcos de los primeros conquistadores de Cuba, junto a los espejos que se cambiarían por pepitas de oro o aves exóticas de pomposo plumaje vino la viruela. Esta es la primera epidemia de la que se posee constancia en los terrenos donde luego floreció la ciudad de Matanzas.

Hoy en día que le tememos más a los microbios que al napalm, una revisión a los archivos pandémicos, por llamarlo de alguna manera, nos permitirá hallar coincidencias asombrosas y datos escabrosos relacionados con los diferentes brotes de enfermedades bacterianas o virales en la historia de la ciudad.

La urbe de San Carlos y San Severino se funda en 1693, cerca de pantanos que se formaban en los alrededores de la bahía y en las riberas de los ríos. Desde esa fecha hasta mediados del siglo XVIII por las condiciones de insalubridad diferentes pandemias causaron estragos: la influenza, la escarlatina, la rabia. Entre los años 1761 y 1770 la fiebre amarilla sola, provocó que la población de la ciudad quedara en un mínimo de 495 habitantes.

A partir de 1830 todas estas enfermedades palidecen ante la aparición de la más letal de todas: el cólera, cuyo brote ocurre en marzo de 1833 y se alarga hasta mayo. Fallecieron en tan corto período 15000 personas.

“En Cuba no ha habido una epidemia peor. En veintitantos días Matanzas perdió un tercio de su población; al extremo que colapsaron los cementerios”, explica Ercilio Vento Canosa, Historiador de la Ciudad de Matanzas.

Tomás Romay, considerado el primer higienista de Cuba, afirmó en su tiempo que el clima de la Isla con sus aires salubre impedirían que la enfermedad surgida en la India y que provocaba que el alma se te escapara por la boca se expandiera por la tierra caribeña. La escasez de tumbas y los cientos de presidiarios que debieron utilizar para cargar cadáveres demostrarían su error. Durante los inicios de la Covid algunos argüirían un criterio parecido, cuando esperaban que el calor evaporara el virus del Sarc – Cov 2.

No obstante, el padecimiento que con más constancia aparece en los archivos resultaría el dengue con presencia desde la conquista hasta la actualidad con picos en diferentes años. De ellos, el más importante ocurrió durante la Guerra Necesaria en el contexto de la reconcentración de Weyler y el posterior bloqueo de la ciudad por el ejército estadounidense en la guerra Hispano- cubana- norteamericana. Los miles de campesinos hacinados en portales y calles de la ya llamada Atenas de Cuba sirvieron de carne de cañón por su pésimas condiciones higiénicas y su nulo acceso a la atención médica.

La fiebre amarilla en la segunda mitad del siglo XIX también cobraría innumerables víctimas. Entre 1875 y 1879 a causa de ella hubo 80 fallecidos por cada 10 mil habitantes. La erradicación de dichos males comenzaría con el descubrimiento por parte del científico cubano Carlos J. Finlay de la fuente de trasmisión de ambos: el mosquito Aedes Aegypti.

Ya arribada a la centuria que signaron la creación de Hollywood y el asalto al Palacio de Invierno, los padecimientos que  más afectarían a la ciudad serían la difteria y la fiebre tifoidea. Por lo menos hasta la década del 30 cuando en el Reino Unido, Sir Alexander Fleming creara a partir del hongo penicilium la penicilina, el primer antibiótico utilizado con amplitud en medicina. 

Este fármaco asestaría un duro golpe a las enfermedades de origen bacteriológico. Sin embargo, los humanos adquieren su capacidad de adaptación de la naturaleza al igual que muchos de estos males que mutaron y se necesitaron antibióticos más potentes para contrarrestarlos; para algunos, incluso entrado en el siglo XXI, aún no se conoce cura.

La gripe española, una pandemia con la que se ha comparado con el nuevo coronavirus por su alta trasmisividad y letalidad, también arribó a las faldas del Pan de Matanzas.

El Covid 19 en la actualidad ya acumula un gordo legajo de hojas en el archivo pandémico. Si queremos que este no se engrose más a base de nuevas víctimas mortales, necesitamos entender los recurrentes llamados de atención de la historia.



viernes, 29 de enero de 2021

Los mundos paralelos de polietileno


 

Llegas a la cafetería y te sientas. Miras a tu alrededor y encuentras colgados en las paredes  grandes carteles. En ellos hay impresos hamburguesas bronceadas como una supermodelo que camina por las playas de Ibiza, el queso se derrite y baja por los escalones de lascas de jamón y una perfecta lechuga, como recién salida de la peluquería sobresale por los bordes. Empiezas a salivar. Te limpias con el dorso de la mano las comisuras de los labios antes que dejes un charco en la mesa.

Te traen la carta. En la portada está el complemento perfecto para el pan: un plato de papas fritas, doradas como los sueños de los querubines, y un vaso de jugo de naranja recién exprimida, todavía con el halito campestre de las flores de azahar. Cuando te toman la orden y solicitas lo que piensas que si no pides ahora te robará el sueño por varios meses, el dependiente te anuncia que no tienen papas fritas. Deberás conformarte solo con lo otro, te dices en un ataque de optimismo.   

Al traerte el pedido, te percatas que el jugo que imaginaste natural no va más allá de un concentrado. El pan en vez de bronceado, está un poco pálido, casi tísico: el queso no se derritió  y las lascas de jamón de tan finas son transparentes. Te dan ganas de llorar.  

Esto sucede en panaderías, timbirichis, dulcerías; quiosquitos de planchas de zinc; cafeterías de a dos pesos la taza de Hola, por lo menos así costaban antes del reordenamiento monetario; paladares de barrio; Coppelia con sus icónicas moscas; fondas donde te venden “cajitas” sin cuchara y debes usar cualquier carnet plasticado que guardes para palear el congrís y picar el lomo ahumado.

Entonces esos establecimientos se mueven entre dos mundos: uno ficticio y otro real. La diferencia entre ambos, a veces resulta estrepitosa como se intenta demostrar en los primeros párrafos de este texto que, aunque en clave de broma, puede expresar un fenómeno el cual han vivido la mayoría de ustedes, lectores.

Este desfase no solo se da en lo culinario, sino que también se expande hacia otros sectores como, por ejemplo, la industria del entretenimiento: niños que sonríen con un diente frontal menos, para que se noten más adorables, mientras descienden en un carrito por una montaña rusa; o una pareja de proporciones perfectas entran a una discoteca en lo que luce como la noche más feliz de su vida. Sin embargo, en lo gastronómico resulta donde con más facilidad y frecuencia caemos en tales trampas atrapabobos.

Estos universos paralelos de polietileno nos recuerdan constantemente, cómo deberían ser el servicio  y no es. Entristece descubrir que solo tenemos una parodia de lo que nos comimos, bebimos, succionamos con los ojos en un primer momento.

El cubano le tiene un miedo horrible, en la mayoría de las ocasiones, al espacio en blanco. Algunos gritan de pavor si hayan que un sitio o su persona no está lo suficientemente bizarro como para que la gente no lo note a dos kilómetros de distancia. Además, la concepción de que en la publicidad mientras a mayor cantidad de estímulos sometas al receptor con más fuerza recibirá el mensaje, se combinan en este fenómeno de la grandilocuencia sin masa ni relleno que la sustente. 

En el contexto del reordenamiento monetario esperemos que estas diferencias se achiquen cuando las finanzas y los modos productivos se normalicen, tanto en el sector estatal como en el cuentapropista; aunque el segundo le saque ventaja al primero en lo que refiere a decoraciones sobrias, sobre todo los negocios con altas ganancias como bares y paladares.

Me encantaría entrar al Coppelia y comerme una ensalada de helado con las bolas tan curvilíneas y con cero escarcha que luzcan como las pancartas de las paredes.La sobriedad o una estrategia de marketing, si se puede llamar así, acorde con la oferta pudiera contrarrestar estas incongruencias comunicativas que generan, decepción entre los crédulos y sarcasmo, entre los irónicos. Así, quizás, los mundos dispares se unan en uno solo y no sintamos que nos engañan con promesas vanas.