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lunes, 5 de agosto de 2019

Deux ex machina, baby



En las obras de teatro del antiguo imperio romano, cuando los personajes llegaban al clímax de sus tragedias, aparecía el dios de turno para resolver el problema de los mortales con un pase mágico. Al actor que interpretaba a la deidad lo bajaban al escenario con una grúa y una serie de ataduras en el cuerpo. De ahí nace la expresión latina Deux ex machina, traducida al español sería “Dios desde la máquina”.

Desde que se inventó la silenciosa punta de flechas para abatir mamuts, y luego se oyó el traqueteo de las ruedas en los caminos de piedras y vino la sucia explosión de la pólvora, la tecnología ha cambiado de manera radical la historia de los hombres. En el siglo XX surgieron las primeras computadoras, parecidas a un gran escaparate repleto de cables y lucecitas y que demoraban horas en efectuar una simple operación matemática.

En la actualidad esos armatrostes nos caben en un bolsillo y las hemos humanizado tanto que las llevamos a “Clínicas de celulares” cuando se rompen, como si fueran un niño con tanta fiebre que el mercurio rompe el termómetro. Gracias a las ilimitadas posibilidades de Internet y a una sociedad cada día más informatizada (On Line puedes comprar desde una lámpara hasta un riñón o conocer el desodorante favorito de una viuda pakistaní) diríamos que tenemos al Mundo en la palma de la mano. Cerramos un poco el puño y rechina el planeta como una pelota; así de grande resulta el poder de la información. Entonces Deux ex machina, baby.

Hoy subutilizamos estas posibilidades. Cuba desde los tiempos del IMO de los parques hasta este momento del 3G y los primeros niños que nacerán gracias a flirteos en Watsapp, se incorpora, tardíamente, pero se incorpora a la Era Digital. Sin embargo, aún muchos no explotan las potencialidades de la Red.

El escritor alemán Herma Hesse publicaría en 1927 “El lobo estepario” y ahí aparece la siguiente frase que a casi un siglo de distancia describe a la perfección el uso que muchos le da a la Web en la Isla: “Y que todo esto, lo mismo que hoy los primeros pasos de la radio, sólo servirá al hombre para huir de sí mismo y de su fin y para revestirse de una red cada vez más espesa de distracción y de inútil estar ocupado”. 

Gran cantidad de cubanos, cuando se conectan (en el trabajo de la madre, con un paquete de datos, con una tarjeta Nauta) a donde primero se dirigen es a Facebook a la caza del Like, icono copia del mismo gesto que les regalaba el público a los gladiadores romanos para permitirles combatir otro día, así mismo muchos buscan el pulgar azul para poder sentirse vivos; sino van a Instagram a la pesca de corazones.

Necesitamos como diría Hesse sobrepasar el “inútil estar ocupado”. Es verdad que en el país, por el atraso tecnológico, hay bastantes facilidades de Internet que aún no se hallan a nuestro alcance; pero existen muchas otras que sí. Por ejemplo, autoprepararnos, no importa si a través de páginas especializadas o tutoriales de You Tube, en el tema que nos interese. Con la yema del dedo, en una pantalla táctil o en el teclado de una PC, podemos acceder a la biblioteca más grande jamás creada. Googlemos las dudas.

También puede emplearse para estar informado, al final encontramos una bitácora que se actualiza milisegundo a milisegundo de lo que ocurre en el globo terráqueo. Para seguir con los paralelismos con el imperio Romano, el Internet es un Ágora- un lugar de reunión para discutir sobre los asuntos públicos - gigantesco, donde todos podemos apoyar, disentir o simplemente tomarle la temperatura al tema en cuestión.

Basta ya de internautas de filtros con orejas y hocico de conejo. Socializar a través de las redes sociales, mientras se haga con cordura, no está mal, pero es hora de tomar conciencia y zambullirnos de cabeza en la web.      

miércoles, 31 de octubre de 2018

Las generaciones de la cornetica




Una pareja fríe un huevo. Cuando el aceite caliente chispea, ella huye fuera de la cocina.

- Eso le pasa a las mujeres que son unas nerviosa.- se burla el muchacho

 Al él intentarlo, una salpicadura cae en su muñeca y suelta un grito.

- Nosotros los hombres ¡Guaaa!- le riposta ella.

Es increíble que tan hondo caló en los cubanos esas imaginerías de los dibujos animados, o los “muñequitos”, ya que estamos entre coterráneos. Sin embargo, este vínculo cultural desaparece. La llegada de productos comunicativos foráneos los reemplaza de a poco.  
Elpidio Valdés o cortos didácticos como El agua y la higiene o La historia del fuego regalaron referentes que hasta hoy se mantienen en el humor y la rutina de los isleños.

Cuando la escisión etaria se profundiza, ellos constituyen un puente generacional entre abuelos, padres e hijos.  Estos “muñequitos” son parte de un patrimonio inmaterial que identifica a los cubanos no importa la geografía.

En aras de parafrasear a esa niña emigrante que anda con un macaco parlante llamemos al mapa, aunque este en su spanglish nunca dirá: consumo masivo, globalización, abandono de lo identitario. Diego el zoólogo y la princesita Sofía se apoderan de la manigua, Ben 10 pasea por el vedado y Naruto degusta un sabroso maní tostado. Los discursos neoliberales en su afán de homogenización bombardean a los más vulnerables del hogar con estereotipos y valores que no identificarán en su ambiente social.

Una reforma en la programación televisiva infantil resultaba necesaria. El vacío creativo de los estudios de animación nacionales, se taponeó con productos de horizontes no antillanos, mas en estos tiempos no solo depende de las políticas estatales. Las formas de propagación alternativas como “el Paquete de la semana” solicitan la aplicación de pedagogías y políticas desde los centros educacionales o el núcleo familiar.

“Oye, el de la cornetica son las cinco de la mañana”, reclama un vecino molesto a Pepe, el trompetista vampiro de la inolvidable película de Juan Padrón. Sin embargo, la hora no importa para auxiliar a aquellos que conservarán la cubanía dentro de cincuenta años. No permitamos que la serenata de la cornetica se vaya con nosotros. Así que: “se oyó clarito, clarito ¡Retirada!” y “hasta la próxima aventura, caballeros